Recientemente, mi hijo mayor participó en un taller en línea sobre emociones. Me pareció que, en las condiciones que vivimos por la contingencia sanitaria, contar con un espacio donde pudiera aprender a identificar sus emociones y hablar de ellas podría ser una buena herramienta, no sólo para este momento, sino para la vida.
Resultó algo realmente significativo, no sólo para él, sino para mí, pues me hizo reaccionar sobre un aspecto que durante este tiempo se ha olvidado: la alegría.
En la película Intensamente, el personaje Alegría es una chica que derrocha energía: siempre alegre, con pensamientos y actitud positivas, en movimiento constante y sin rendirse, a pesar de las pruebas. Es como una pila que transmite carga o un foco sonriente que alumbra. ¿Recuerdas algún momento en que te sintieras así?
En el camino de conocernos, es importante aprender a identificar las emociones que aparecen a lo largo de nuestras experiencias e intentar nombrarlas, de forma que al paso del tiempo nos convirtamos en expertos y tengamos la habilidad de regularlas, canalizarlas y aprovecharlas.
Las emociones nos dan información fundamental de lo que nos sucede y de lo que necesitamos. ¿Qué te han dicho tus emociones? ¿Les prestas atención? ¿Con cuál de tus emoción te es más fácil conectar?
– La alegría nos da energía-, dijo la facilitadora del taller.
Al escuchar esa frase vinieron a mí recuerdos de cosas y momentos que me han colmado de alegría, de risas, que han sido como un solecito en mi corazón. Me dí cuenta de cómo mi cuerpo se ha sentido energetizado; caí en la cuenta de que a veces esperamos que esos momentos lleguen solos, pero es posible “producirlos” y obtener sus beneficios.
A tí ¿qué cosas o actividades te hacen sentir alegre, contento, feliz, en paz, relajado o reír? Podrías intentar hacer una lista y tenerla a la mano y de manera muy consciente y activa hacer eso que sabes que te da un “levantón” de energía, sobre todo cuando sientas que la pila y la paciencia se agotan.
Monitorear tu nivel de energía y buscar si hay algo que puedas hacer para conectar con la alegría, para sentirte más dinámico, puede ser una buena estrategia que te impulse.
Por supuesto, es necesario mencionar que si por más que le busques no encuentras ni un rayito de energía ni de alegría, puede ser un foco rojo que indique la necesidad de consultar al especialista. No dudes y acude al psiquiatra y/o al psicólogo. Nadie merece vivir entre nubes y lluvia en la mente y el corazón.
A todos se nos presenta de manera diferente. Mi hijo pequeño voltea con su manita mi cara para que lo mire y exclama “¡Mamá, feliiiii!”.
Imposible no sonreír ante esa sonrisa que le hace entrecerrar sus ojitos… y sé que ver la sonrisa de su mamá lo hace sentir bien. Eso nos conecta.
A tí, ¿qué te despierta la alegría?