¿Alguna vez te has puesto a realizar un proyecto y de repente “se te sale de las manos”?
Si tuviéramos la oportunidad de evaluar nuestra vida como la consecución de pequeños proyectos a corto, mediano y largo plazo, podríamos observar con claridad aquellos que requirieron más recursos de lo esperado; tal vez necesitaron más tiempo, más apoyo, una estrategia diferente, un tratamiento distinto o, incluso, un replanteamiento.
¿Cuántas veces nos damos tiempo para analizar la manera en la que operamos nuestros proyectos?
Hay quienes por personalidad, crianza o (de) formación profesional cuentan con más herramientas, estructura, orden o ideas para realizar ciertos proyectos con más éxito, menos imprevistos y con optimización de recursos. Sin embargo, todos podemos aprender de nuestras experiencias si nos damos la oportunidad de mirar con lupa de “¿cómo puedo hacerlo mejor?” y afinamos nuestras habilidades de operación, toma de decisiones y resolución.
¿Cómo podría sería un buen fondo para los imprevistos de la vida y sus proyectos?
La actitud con la que enfrentemos los imprevistos y las salidas del camino son básicas para alcanzar la meta y no claudicar en el intento, por lo que entre más positivos, abiertos al cambio y flexibles ante los acontecimientos seamos, será posible tener mejores resultados.
Mantenernos alertas y en seguimiento del avance frente al uso de los recursos para tener conciencia del gasto y buscar cómo procurar lo que haga falta.
Contar con un equipo que te pueda sostener y con quien puedas rebotar las ideas, emociones y preocupaciones que surgen durante el proyecto; necesitas quien te eche porras y te ayude a desmontar los pensamientos negativos que puedan aparecer durante el trayecto, e incluso quien te de una perspectiva distinta ante los retos.
Tener la capacidad de alzar la mano para pedir ayuda antes de que las cosas se tornen irremediables, sería fundamental.
Imaginar planes b, c, d… y tener en la mira la puerta de salida, en caso de emergencia, siempre será indispensable, pero sin que desgaste o abrume y reste energía para llevar a cabo el plan principal.
La vida siempre tendrá imprevistos, pero si nos “preparamos” al alimentar nuestro “fondo para imprevistos”, es posible que logremos sobrellevarlos y remontarlos con mejores resultados.
Y tú ¿cómo y con qué navegas ante los imprevistos?